¿Por qué ya no tengo ganas de tener sexo? Lo que nadie te explica sobre el deseo

Si sientes que tu deseo desapareció, probablemente nadie te ha dicho esto: el problema no es forzosamente que algo esté roto. Es que nadie te enseñó cómo funciona tu deseo.

Hay una pregunta que casi nadie decimos en voz alta. La pensamos en la regadera, la rumiamos camino al trabajo mientras vamos manejando, la tecleamos en Google a la una de la mañana con el teléfono boca abajo para que no la vea nadie.

¿Por qué ya no tengo ganas de tener sexo?

A veces, acompañada de otra(s): ¿Qué me pasa? ¿Es normal lo que me está pasando? ¿Esto significa que ya no quiero a mi pareja, estoy defectuosx, así me voy a quedar?

Llevo más de quince años trabajando como sexóloga clínica, y puedo decirte con certeza que esta pregunta -en distintas versiones, con distintos matices- aparece en casi todas mis sesiones (las primeras sobre todo) y me atrevería a decir que en prácticamente todos los consultorios de salud sexual del mundo. No es una rareza. Es una de las experiencias más comunes.

Y la razón por la que esto sucede es porque el relato que nos han contado sobre el deseo y nuestra sexualidad en general está, en buena parte, equivocado.

 _____________________________________________________________________________

El mito del deseo espontáneo

La mayoría de las personas crecimos con una idea muy clara -aunque nadie nos la haya explicado explícitamente- de cómo funciona el deseo: de repente, te entran ganas. El cuerpo te avisa. El interés aparece solo. Y si eso no pasa, algo está mal.

Bueno, pues te explico. Este modelo se llama deseo espontáneo. Es el que vemos en las películas, en las canciones, en los mitos románticos que hemos absorbido sin darnos cuenta. Y sí, sí existe. Muchas personas lo experimentamos así, especialmente al principio de una relación o en ciertos momentos del ciclo hormonal o de nuestra vida en general.

El problema es que no es el único modelo de deseo que existe. Ni siquiera es el más común.

La investigadora y ginecóloga Rosemary Basson propuso hace más de dos décadas un modelo alternativo que cambió la forma en que entendemos la respuesta sexual femenina (aunque yo creo que aplica para cualquier persona): el deseo responsivo. Basson documentó que para muchas personas -especialmente en relaciones establecidas y de largo plazo- el deseo no llega antes del encuentro sexual. Llega durante. El cuerpo responde a un estímulo que ya está presente, no a una urgencia que surge de la nada.

Dicho de otra forma: no siempre tienes que tener ganas para que las ganas aparezcan.

Si llevas meses -o años- esperando que el deseo llegue solo, y no llega, puede que no sea que tu deseo desapareció. Puede que sea que estás esperando un tipo de deseo que nunca fue el tuyo. Porque piénsalo, incluyo cuando creemos que lo estamos viviendo de manera “espontánea”, en realidad muchísimas veces, lo estamos construyendo, en realidad no es tan espontaneo, no surgió de la nada. Lo construimos con anticipación, con mensajes, con coqueteo, con expectativa durante horas, días o meses. Piensa en las veces que te preparaste para salir con alguien que te gustaba… quizás hoy es lunes y tu cita es el sábado. Pasas toda la semana preparando el momento. Escogemos la ropa interior, buscamos preparar nuestro cuerpo de la forma que haga sentido para nosotrxs, quizás coqueteamos por teléfono con el date en cuestión, etc. Para cuando llega el día de la cita, ese deseo está a flor de piel, pero si lo piensan, no surgió de la nada, de espontáneo tiene poco. Entonces, simplemente pon atención, cuántas veces de verdad tu deseo nació de la nada. En mi experiencia, no son muchas.

Fuente: Basson, R. (2000). The Female Sexual Response: A Different Model. Journal of Sex & Marital Therapy, 26(1), 51–65. DOI: 10.1080/009262300278641

______________________________________________________________________________

Querer a alguien y desear a alguien no siempre ocurren al mismo tiempo

Hay otra pregunta que se esconde detrás de la primera, la que en realidad da más miedo: ¿Si ya no tengo ganas, significa que ya no amo a mi pareja?

Esta confusión es comprensible, estamos acostumbradxs a pensarlas en combo, pero responde a otra idea equivocada: que el amor, el deseo y el apego son una sola cosa.

La antropóloga y bióloga Helen Fisher lleva décadas estudiando los sistemas cerebrales involucrados en el amor y la sexualidad. Su investigación distingue tres sistemas que operan de forma independiente en el cerebro: el deseo o lust (asociado a hormonas como estrógenos y andrógenos, que nos motivan hacia la actividad sexual), la atracción romántica (impulsada por dopamina y norepinefrina, que nos enfoca en una persona específica), y el apego (sostenido por oxitocina y vasopresina, que crea el vínculo duradero con alguien).

Estos tres sistemas pueden estar todos activos al mismo tiempo. O no. Uno puede estar en pausa sin que los otros desaparezcan.

Puedes sentirte profundamente unida a tu pareja -con apego real, con atracción genuina- y aun así tener el deseo en pausa. No son lo mismo. Y que uno baje no cancela a los otros.

Esto no es una justificación para no atender lo que pasa. Es una distinción que puede sacarnos de una espiral de culpa que no nos está ayudando a mucho.

Fuente: Fisher, H. E. (1998). Lust, attraction, and attachment in mammalian reproduction. Human Nature, 9(1), 23–52. DOI: 10.1007/s12110-998-1010-5

 _____________________________________________________________________________

El acelerador y el freno: por qué el deseo no "desaparece"

La investigadora Emily Nagoski propone una metáfora que a mí me parece de las más útiles que existen para entender el deseo: el sistema de acelerador y freno.

Tu deseo tiene un acelerador, es decir, todo lo que lo activa: el contacto, la intimidad emocional, la novedad, el descanso, sentirte segura, sentirte vista y un largo etcétera que varía de persona a persona. Pero también tiene un freno, o sea, todo lo que lo inhibe: el estrés, el agotamiento, el conflicto no resuelto, la vergüenza, el dolor físico, el ruido mental y otro largo etcétera.

El deseo no desaparece. Lo que cambia es la relación entre lo que pisa el acelerador y lo que pisa el freno.

Cuando una persona me dice en consulta "ya no tengo ganas de nada", lo primero que hacemos juntxs no es buscar cómo "recuperar" el deseo como si fuera un objeto perdido. Lo primero es preguntarnos: ¿qué está pisando el freno con tanta fuerza? ¿Cuándo empezó? ¿Qué está pasando en tu vida que quizás lo estás procesando a través de tu cuerpo de esta manera?

Porque el deseo en pausa casi siempre tiene algo que decir.

Fuente: Nagoski, E. (2015). Come As You Are: The Surprising New Science That Will Transform Your Sex Life. Simon & Schuster.

 ___________________________________________________________________________

Lo que yo aprendí sobre mi propio deseo

Yo lo sé porque lo viví.

Tuve una pareja que no me buscaba sexualmente. Si yo tomaba la iniciativa, se hacía güey, ponía pretextos. Hasta que un día lo hablamos de frente, y me dijo algo que no esperaba: que no entendía qué le pasaba, porque normalmente él sentía mucho deseo. Que no era que yo no le gustara. Que físicamente seguía sintiéndose atraído. Pero que estar conmigo se sentía raro, justo porque me quería. Que con nadie se había sentido tan conectado como conmigo. Y que esa conexión, de alguna manera, le bloqueaba el deseo.

A eso yo lo llamo el lado B del enamoramiento. O, en términos más clínicos, el conflicto santa-puta: a mayor cercanía emocional, menor deseo. Lo opuesto a lo que solemos creer. Porque te amo tanto, me siento tan seguro contigo, hay tanto en juego emocionalmente... que acercarme a ti de esa manera (o sea, sexual) se siente casi sacrílego.

Aunque culturalmente lo asociamos más con los hombres, a las mujeres nos pasa también y con mucha frecuencia, sobre todo cuando entra en escena la maternidad. De pronto ciertas prácticas salen del menú, el deseo se apaga, y nada de eso tiene que ver con el amor hacia la pareja. Tiene que ver con una beatificación silenciosa, con la creencia -a veces inconsciente- de que "las mamás no hacen esas cosas".

Lo que aprendí de esa relación, y lo que sigo aprendiendo en consulta y en mis propias experiencias, es esto: el deseo no es una señal inequívoca de lo que sientes por alguien. Es una señal de cómo estás tú, qué está pasado con tu vida y de qué significados le estás poniendo a ese encuentro o a la sexualidad en general.

 ______________________________________________________________________________

Entonces, ¿qué hago con esto?

Antes de preguntarte cómo "recuperar el deseo", vale la pena hacer una pausa. No para resignarte sino para escuchar.

Algunas preguntas que pueden ayudarte a empezar:

¿Cuándo fue la última vez que me sentí realmente descansadx, relajadx?

¿Hay algo en mi vida, en mi relación de pareja, en mi trabajo, en mi cuerpo que llevo tiempo sin atender?

¿Qué podría estar pisando el freno con más fuerza en este momento?

No son preguntas para responder de golpe. Son preguntas para cargar contigo un rato y ver qué aparece.

A veces el deseo en pausa es una respuesta adaptativa de un cuerpo que está haciendo demasiado con demasiado poco. A veces es la señal de que algo en la relación está pidiendo atención. A veces es un tema hormonal que vale la pena revisar con un médico. Nunca es evidencia de que hay algo roto en tí.

Tu sexualidad no necesita ser corregida. Necesita ser escuchada.

 ________________________________________________________________________________

Si reconoces tu historia aquí

Si mientras leías esto algo resonó; si te diste cuenta de que llevas tiempo esperando un tipo de deseo que quizás sólo existe en las películas o que hay algo que no habías nombrado, me alegra que hayas llegado hasta aquí.

Acompañar a personas en la relación con su sexualidad es el trabajo que más me importa y apasiona. Si sientes que es momento de explorar esto con apoyo, puedes escribir al whatsapp o mandarme un correo.

📩 Escríbeme por WhatsApp  o al correo hola@sexologadibari.com

Referencias

Basson, R. (2000). The Female Sexual Response: A Different Model. Journal of Sex & Marital Therapy, 26(1), 51–65. https://doi.org/10.1080/009262300278641

Fisher, H. E. (1998). Lust, attraction, and attachment in mammalian reproduction. Human Nature, 9(1), 23–52. https://doi.org/10.1007/s12110-998-1010-5

Nagoski, E. (2015). Come As You Are: The Surprising New Science That Will Transform Your Sex Life. Simon & Schuster.

Siguiente
Siguiente

Terapia de pareja online: qué es, para quién es y cómo funciona